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Traducción: Rosetta Conti LA CASA DE LA ARMONIA DEL CIELO Rev. Hyung Jin Moon DECLARACION DE PROPOSITO Como unificacionistas creemos que practicando la auto-transformación (unidad de mente y cuerpo), cultivando relaciones conyugales profundas y creando hogares fuertes y saludables, nos prepararemos mejor para servir a la sociedad y realizar una verdadera y duradera paz para el mundo, Dios y los Padres Verdaderos. AL LECTOR El 13 de mayo de 2003, los Padres Verdaderos vinieron a la casita de campo adonde mi familia y yo habitamos, en la propiedad de East Garden. Ellos habían vuelto de un viaje al extranjero y nos visitaron en aquel día y Padre se sintió inspirado a honrarnos con una preciosa dedicatoria en caracteres chinos. La dedicatoria decía: “Cheon Hwa Dang” o, en ingles, “La Casa de la Armonía del Cielo” El Padre también escribió mi nombre y el nombre de mi esposa y, abajo de ello, las palabras “Cheon Eh Bu Bu “o “Pareja de Amor Celestial”. Para nosotros, personalmente, esta caligrafía es más preceptiva que descriptiva; no es tanto lo que somos sino lo que debemos conseguir. Nos conocimos y fuimos bendecidos juntos por el Amor del Cielo y por cierto no sentimos que somos el “verdadero modelo” del Amor del Cielo (como pareja creemos que debemos profundizar y renovar nuestra relación diariamente). Pero la sección principal de la caligrafía que el Padre escribió en aquel día fue “Cheon Hwa Dang”. El Padre Verdadero explicó que el carácter “Cheon” o Cielo” esta compuesto de los caracteres “dos” (Du I) y “persona” (Saram In). El dijo que cuando el esposo y la esposa, simbolizando “dos personas” que han conseguido unir su mente y cuerpo, se unen, puede formarse el carácter “Cielo”. Esto crea el fundamento para “Hwa” o “Armonía” y cuando esto ocurre entonces ellos pueden llegar a ser “La Casa de la Armonía del Cielo”. Teológicamente esto fue una afirmación increíble que, cuando nosotros, unidos en mente y cuerpo, nos conectamos con nuestro cónyuge, podemos ser el lugar o el manantial de la Armonía del Cielo. De cada pareja unida brota la semilla de una armoniosa familia, y de una armoniosa familia se produce una armoniosa sociedad, nación y mundo. Esta enseñanza fue para mí el catalizador para reunir elementos en mi propia vida, y este libro es el directo producto de aquella profunda enseñanza de solo tres caracteres escritos por el Padre Verdadero en aquel día “Cheon Hwa Dang”. De un lado yo había estado entrenándome con un serio régimen monástico, que empezaba a las 2.30 de la mañana y que consistía de varias horas de entrenamiento de mente y cuerpo. De otro lado yo ya era papá de tres hijitos. A un cierto momento sentí que había una diferencia irreconciliable entre la vida religiosa de ardientes practicas espirituales y la vida familiar llena de cosas muy ordinarias, como cambiar los pañales a los bebes, o limpiar la casa o hacer la lavandería etc. Me sentía en conflicto. Estaba viviendo adentro de dos modalidades que eran increíbles pero que me parecían, a veces, ser diametralmente opuestas entre ellas. Tradicionalmente, en el ambiente religioso, siempre ha habido estas dos categorías o tipos de membresía: la contemplativa y aquella del laico (que tiene una familia). Estos dos tipos de modalidades de vida religiosa han sido casi mutuamente excluyentes - el rol de la vida contemplativa ha estado separado del rol de la vida familiar. Las tradiciones monásticas del Cristianismo, del Budismo, del Judaísmo, del Taoísmo, del Hinduismo etc. han tratado de relegar la vida contemplativa a una variedad de ardiente y demandante currículo espiritual. El rol de una persona de familia era aplicado más convencionalmente a laicos incapaces de comprometerse con este camino rigurosamente religioso. En otras palabras el “supremo rol” del practicante espiritual fue entregado al monje célibe, mientras la persona laica, con familia, fue básicamente un seguidor de estos monjes. No hay dudas del valor de la tradición monástica adonde los monjes y las monjas se entregan a la vida de sacrificio del celibato, del servicio y del riguroso ejercicio espiritual. Estas comunidades monásticas han dejado todos los deseos personales y comodidades, siendo ejemplares en su nivel de compromiso y de devoción en sus respectivas fes. Por su tradición de celibato, viva en estas comunidades monásticas, los monjes y las monjas tienen lo que los estudiosos llaman “exceso de recurso energético” que otras personas, con compromisos familiares y “mundanos,” no tienen. Este recurso de energía en exceso ha sido dirigido, en diferentes momentos de la historia, al servicio de los demás. Durante la Gran Depresión del 1930, en Estados Unidos, las monjas católicas en Nueva York tomaron la responsabilidad de amparar a los huérfanos que fueron abandonados en esos tiempos difíciles. De forma similar, en el Budismo, los monasterios han sido lugares adonde se educaban a los niños abandonados, y en el caso mas actual de Sri Lanka, los monjes fueron los primeros a proveer comida, amparo y comodidades a las victimas de los desastres ocasionados por el tsunami del 2004. Después de haber aclarado esto, permítanme afirmar mi posición de entrada: personalmente creo que estos aspectos de la vida religiosa, aparentemente incompatibles (el aspecto del monje y del hombre o mujer de familia) tienen que ser integrados y unificados en la practica de unificación y que la clave para hacer esto es de expandir la definición de “religioso “y de “practica espiritual”. En mi propia vida, de un lado he adquirido un estilo de vida plenamente monástico que incluye entrenamiento y rigurosas prácticas. De otro lado he recibido la bendición de ser un esposo para mi buena esposa, desde hace ocho años, y de ser un padre para nuestros maravillosos hijos. Para muchos, podríamos individualmente ir y hacer nuestro trabajo “religioso” o “practica espiritual”, y cuando volvemos a casa podríamos ver el tiempo que pasamos con nuestra familia o con nuestra esposa como “secular” o “mundano”. ¡ESTO ES EL PROBLEMA! Nosotros de hecho hemos sacado “lo sagrado” y lo “religioso” afuera de nuestras casas y lo hemos relegado solo a la tarea de “iglesia”. Desde una perspectiva Unificacionista esto es teológicamente y doctrinalmente inconsistente, ya que formar saludables y “verdaderas” familias y uniendo nuestras mentes y nuestros cuerpos es un imperativo teológico central en la manera en la cual creemos que se pueda crear un mundo de paz, de armonía y de unidad. No tenemos que separar lo sagrado de cualquier otro aspecto de nuestras vidas, hasta aquello que consideramos lo más “mundano”. Cuando respiramos debemos hacerlo con Hananim, entender cuanto estamos infusos por el Divino Aliento de la vida. Cuando caminamos deberíamos caminar con Dios, y cuando escuchamos la canción de un pájaro deberíamos escuchar con gratitud para todos aquellos que no pueden escuchar. Todas estas cosas son prácticas definitivamente religiosas considerando que aumentan nuestra conciencia de lo sagrado de las cosas más simples y nos llenan de gratitud y de sobrecogimiento por el regalo de estar vivos. Sin embargo tenemos que expandir la definición de “practica espiritual o religiosa” para incluir –especialmente como Unificacionistas –el tiempo invertido con nuestra familia, hasta los momentos mas mundanos, normales, repetitivos y /o aparentemente “aburridos” en nuestras vidas. El Padre Verdadero afirma que en el mundo ideal no habrá necesidad de dogma o de religión. El afirma que la humanidad será capaz de vivir en completa unión y comunión con Dios. No habrá necesidad de las formalidades de la religión, ya que sentiríamos y experimentaríamos, en forma tan intima, la presencia de Dios en nuestras actividades y vidas diarias. Este es un punto critico para recordar – el Unificacionismo no es solo algo para conocer sino, mas importante, es algo para ser vivido. Cuando hacemos la tarea con nuestros hijos o cuando les cambiamos los pañales deberíamos transformar estas acciones en una seria y autentica practica religiosa y espiritual. Cuando llevamos nuestra familia a ver una sana película, deberíamos transformar esto en una “practica religiosa”. Cuando profundizamos nuestra relación con nuestra esposa a través de una sana comunicación, deberíamos trasformar esto en una “practica religiosa”. Todo momento en nuestra vida es una experiencia fresca y nueva. Aun si tenemos que llevar los niños a la escuela cada día o tenemos que hacer la tarea con ellos diariamente, cada día y cada momento es único, es nuevo y precioso. Este cambio en nuestra perspectiva no es solo un cambio intelectual o de percepción. Requiere una transformación total de cómo experimentamos la realidad y vivimos en el mundo. Esta es la razón de la practica para la Unidad de Mente y Cuerpo (MBU=Mind-Body Unity). No es suficiente ver simplemente que estar con nuestra esposa y nuestros hijos es una practica religiosa. Tenemos que verdaderamente sentir el carácter sagrado y la santidad de estas experiencias, tenemos que aprender como controlar nuestras naturalezas caídas y tenemos que estar profundamente conscientes del imponente don de la vida – ¡AHORA! Esta nueva consciencia está reforzada primeramente en nuestra propia práctica MBU- en la transformación de la mente y el cuerpo. A través del entrenamiento para la Unidad de Mente y Cuerpo experimentaremos la santidad y la profundidad de un respiro de vida. Cultivaremos una profunda gratitud para este simple don de Dios, que muchas veces se da por sentado. Cuando podemos experimentar estos estados profundamente religiosos , cuando tomamos el tiempo para estar con nuestra familia, no solo sabremos que es “algo religioso” sino que sentiremos en la medula de nuestros huesos, la preciosidad y la grandeza de esta significativa bendición y don. Por lo tanto en este trabajo tendremos que tratar, primero, con el tema de la unidad de mente y cuerpo a nivel individual. ¿Por qué? Porque los individuos componen las parejas, las familias, las sociedades y el mundo. Tenemos la tendencia a enfatizar a la familia sin entender o poner un adecuado énfasis sobre la maduración del individuo. Por lo tanto con la digna meta de crear una “verdadera familia”, pero sin la disciplina aprendida en el cultivo espiritual individual, nosotros intentamos forzar nuestra familia a encajar en el molde de una “verdadera” familia. Podríamos encontrarnos culpando a otros miembros de nuestra familia cuando estamos enfadados, mientras que la verdad es que nosotros mismos no pudimos controlar nuestro enojo. Podríamos decir: “Te estoy retando porque tú no eres un “verdadero hijo” pero adentro podríamos enmascarar o justificar una falta de autocontrol. Podríamos tratar de presionar a nuestros hijos para que aparenten ser felices o para que no hagan preguntas en nombre de “ser una verdadera familia”. Podríamos culpar a otros de crear discordia o de estar disgustado con la situación familiar, y la lista podría continuar al infinito. Este es el problema de saltear la unidad más fundamental de la familia, que es el individuo. De los cuales la familia está compuesta. Tenemos la tendencia a afirmar que lo que verdaderamente diferencia el pensamiento de Unificación de las otras religiones es la centralidad de la familia. Si bien esto es parcialmente verdadero, se nos olvida de la mayor tradición unificacionista que es el requerimiento de la perfección individual, de la necesidad de la unidad entre mente y cuerpo a nivel individual y del primer nivel que compone las ocho etapas de la perfección (el individuo, la familia, el clan, la sociedad, la nación, el mundo, el cosmos y Hananim) En otras palabras, mi punto es simple: “no podemos y no crearemos realmente una verdadera familia sin investir primeramente en cultivarnos a nosotros mismos a nivel individual”. Si cada uno, en una familia, compite por la autoridad, o todos tienen una actitud de juicio hacia los demás, o se enojan rápidamente y se ponen violentos, es claro que esta no llegará probablemente a ser una “verdadera familia”. Uniendo nuestra mente y cuerpo, controlando nuestro enfado, odio o resentimiento, y cultivando la gratitud, la armonía interna y la alegría, aumentaremos las posibilidades de crear matrimonios y familias bendecidas saludables. Seguramente, siendo honestos, podemos ver que hay posibilidades de cometer infracciones como quejarse de nuestra esposa por el mal comportamiento de nuestros hijos, o querer que todos en la casa nos escuchen porque somos “la autoridad”, o vivir en nuestro interno “teatro de tormentos” alimentando un enojo silencioso hacia un miembro de la familia, o no ser capaces de admitir nuestros errores, etc. Debemos entender que vivir adentro de un contexto familiar es algo muy “real”, y opuesto a las “imágenes de sueño” de una “familia feliz” con un hombre danzando con su esposa y sus hijos en la playa, en la puesta del sol. Debemos admitir que esto puede suceder una vez pero, por cierto, no es la única cosa que una familia hace – definitivamente se van a cansar de danzar en la playa para siempre especialmente cuando anochece y los chicos empiezan a sentir frió y cansancio y empiezan a gritar “¡Quiero irme a casa!” Estas imágenes son muy lindas e inspiradoras, y nos dan un cuadro del tipo de felicidad y alegría que puede surgir de una fuerte y saludable familia. Pero asumir que los miembros de una familia serán felices simplemente a causa de la familia de por si es ilusorio. Estadísticamente, la violencia es perpetrada, en la mayoría de los casos, entre miembros de la familia o personas amadas. Históricamente, profundas enemistades y rivalidades entre hermanos han destruido familias y naciones. Las historias de horror modernas de hijos que matan a sus padres y viceversa, claramente indican que la familia ha sido el mayor teatro de discordia y desarmonía. Teológicamente hablando, a causa de la importancia de la familia para Dios, ésta siempre ha sido el blanco de Satanás, y de acuerdo a las estadísticas, lamentablemente él ha estado exitoso. Aún así, es mi intención, a través de este trabajo, no contextualizar solo teológicamente las prácticas, sino ofrecer un ejercicio práctico y sistemático para fortificar la unidad entre mente y cuerpo y para ayudar a construir una fuerte y sana familia. Dicho esto, voy a admitir que mi esfera de “experiencia” (si así se puede llamar) está más cargada de prácticas de unidad mente-cuerpo que de experiencia paternal. Nuestro hijo mayor tiene solo 6 años y mi esposa y yo todavía tenemos que experimentar los tiempos más desafiantes de la vida de nuestros hijos, que muchos lectores ya han experimentado seguramente. A pesar de esto, espero que todos puedan aprovechar, idealmente en forma integral, o por lo menos parcialmente, del presente trabajo. No conozco las situaciones familiares particulares de ustedes, la vida del lector. Podrían ser solteros todavía, o tener ya hijos grandes (que ya están en su edad madura) o quizás su bendición no ha funcionado. Cualquiera que sean las circunstancias, deseo decir que siempre hay oportunidad de hacer las cosas correctamente y de volver a empezar. Por supuesto, si nuestras vidas no están completamente en orden, llevará tiempo para reconstruir y revitalizar nuestras vidas y nuestras familias. Pero estamos todavía vivos, respirando y teniendo la oportunidad de hacer nuestras vidas mas realizadas y profundas. Mientras que tengamos aliento tenemos la oportunidad de elegir de transformarnos, tenemos la oportunidad de ser vivos y de crear una Cheon Hwa-Dang (Una Casa de la Armonía del Cielo). En mi vida, honestamente, admito que ha sido un desafío muy difícil equilibrar una rigorosa disciplina espiritual con la responsabilidad de ser, al mismo tiempo, un padre y un esposo, pero es un desafío que, creo, no solamente vale la pena sino que es una preocupación y un esfuerzo muy “unificacionista”. Muchos miembros han expresado el deseo de llevar a cabo un entrenamiento espiritual mientras aprenden, al mismo tiempo, como ser mejores padres y esposos. Cuando emprendemos un entrenamiento espiritual a nivel individual, aprenderemos a trasformar nuestro tiempo con nuestros hijos y con nuestros seres queridos en un tipo extendido de entrenamiento y practica espiritual –aprenderemos como expandir la definición de “practica espiritual/religiosa” Por lo tanto, en esta obra yo trataré los siguientes asuntos: 1) Unidad Mente y Cuerpo a nivel individual 2) Unidad entre cónyuges 3) Unidad a nivel familiar. Me doy cuenta que los Padres Verdaderos desean de nosotros mas que simplemente llegar a la perfección individual y crear verdaderas familias, como, por ejemplo, trabajar para la comunidad y construir una nación. Pero también me doy cuenta que haciendo las cosas mas fundamentales, en este caso lograr la unidad individual y crear una verdadera familia, será un trampolín y una fuente de inspiración para lograr metas mas grandes, como la paz mundial. Fundamentalmente, crear un mundo de paz y la casa de la Armonía del Cielo en nuestra mente y cuerpo, en nuestra bendición y en nuestras familias no son cosas separadas. El sufrimiento de Dios y el sufrimiento del mundo y de los individuos que lo componen no están separados. Trabajamos duramente para cambiar el mundo sin cambiarnos a nosotros mismos; tratamos de moldear nuestra familia sin moldearnos a nosotros mismos; luchamos para transformar la sociedad sin tener una transformación individual: esto no va a funcionar. Tenemos que empezar en el nivel más básico, donde un hombre y una mujer, con unidad de mente y cuerpo, se unen entre ellos como esposo y esposa y crean “verdaderas” familias y hogares; tenemos que empezar creando el Cheon Hwa Dang. |